miércoles, 6 de noviembre de 2013

La promesa de la opresión


Estoy triste. Ayer constaté cómo gran parte del periodismo, de los periodistas, ya nacen muertos y oprimidos en las facultades. Cómo hasta los estudiantes de una de las profesiones a la vez más gratas e ingratas disculpan y justifican las malas prácticas, en lugar de denunciarlas, hacer crítica para que los que las han hecho esas malas prácticas puedan hacer autocrítica, y se vean obligados moralmente a hacerla.

Aplaudí (y casi lloré) como el que más el comunicado que los trabajadores de RTVV lanzaron en directo en el informativo de Canal 9 -porque para mí siempre se llamará así, por mucho cambio que hicieran o por mucho que lo cierren-, en el que denunciaron ya no solo las presiones a las que se habían visto sometidos, sino los abusos sexuales que eran vox populi entre los que conocían periodistas y otros trabajadores de la cadena, el despilfarro y mala gestión de los, al fin y al cabo, políticos que habían gestionado la cadena... Nada mejor que verlo para disfrutar del uno de los mejores ejercicios de denuncia y periodismo de toda la historia de la cadena, para los que los valencianos hemos tenido que esperar demasiados años, hasta que ha sido demasiado tarde, en el agónico final del único grupo de comunicación que difundía la lengua valenciana.

Me han reprendido por lamentarme de que los trabajadores de la cadena no fueron valientes cuando tocaba -algunos sí lo fueron, pero si no lo son todos, no puede funcionar-, no denunciaron mediante el ejercicio de su profesión, el periodismo, todos los abusos que ayer denunciaban, cuando ya era demasiado tarde. Me han reprendido por, como periodista, hacer autocrítica de cómo podíamos haber cambiado el rumbo periodístico de la cadena -y repito, creo que todos a una podíamos haberlo hecho-, y me han reprendido por, como valenciana, lamentarme de que ese ejercicio de denuncia que vimos ayer no fuera la tónica habitual de la cadena con todos los casos de corrupción, abusos e injusticias que han ocurrido en la Comunidad Valenciana durante estos últimos años. Me han reprendido por lamentarme de que el canal autonómico valenciano no fuera en lo que se ha convertido ahora: un instrumento de denuncia. Me alegra ese cambio de rumbo, aunque ya sea demasiado tarde.

"Hay que comer", "la dignidad no paga las facturas"... Viejas excusas que salen de gente que aún debería ser idealista. De universitarios. Nos han machacado tanto con lo mal que va el periodismo, con las presiones que vamos a sufrir, con que, si conseguimos trabajar en lo nuestro, seremos tan afortunados, que hemos creído que debemos dejarnos pisotear sin protestar, que se puede disculpar todo. Que la culpa no es nuestra si no hacemos nuestro trabajo, sino de las presiones.

Puedo llegar a entender que la gente que tiene una familia que alimentar se escude en esas frases que ya han pasado a ser leitmotiv de la profesión, pero no entiendo que lo digan estudiantes que deberían querer comerse el mundo, querer romper con la mierda que está hundiendo el periodismo. Nos han prometido vivir oprimidos y lo hemos aceptado sin protestar realmente, sin criticar -porque las críticas constructivas deben hacernos reflexionar, mejorar y corregir errores- a nuestros mayores porque viven oprimidos, pobres ellos.

Sí, pobres, pero tienen la opción de decidir y se quedan con la opción cómoda. Y eso es criticable, por muy bien que los trabajadores de RTVV lo estén haciendo ahora. Es criticable aunque se vayan a quedar en la calle. Y eso no significa que me alegre. Estoy muy triste, furiosa, por el cierre y el despido de tantos compañeros, y estoy totalmente de su lado.

Ole por la actual línea. Es la que deberían haber llevado siempre. Al menos podrían irse con la cabeza (aún) más alta de lo que se van a ir, y los valencianos estaríamos defendiendo nuestra televisión a capa y espada, sin pensar por dentro que en realidad no perdemos tanto porque ellos han sido cómplices de su propia caída. Sí, todos sabemos que cierra por mala gestión económica y por los desmanes de los políticos, pero quién sabe si estaríamos así si eso se hubiera denunciado... Nunca lo sabremos.

Estudiante de periodismo, un mensaje para ti, para mí misma. Crítica y autocrítica. La opresión estará ahí al salir, intentarán callarte. No te dejes. Critica a los que lo hacen. Aplaude a los que son valientes. Bordea los límites y salte con la tuya. Tu responsabilidad es muy grande, y la recompensa puede ser ingrata. Pero si no eres capaz de afrontarlo, deja la profesión. El periodismo es para los valientes que intentan romper los corsés en los que quieren meternos.

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