domingo, 13 de enero de 2013

Reirregulares y desprotegidos


No cumplir los requisitos para conseguir regularizar la situación de los inmigrantes en España los lleva a una situación límite cercana a la marginalidad y la exclusión social 


La Fundación Elche Acoge lleva 19 años en funcionamiento
Al entrar en el edificio de la Fundación Elche Acoge, que lleva en funcionamiento desde 1994, uno se encuentra con una especie de conserje-secretario marroquí que da la bienvenida al visitante con una sonrisa. También suele haber algunos extranjeros en el pasillo y la sala de espera que hay al final, a veces con sus hijos, algunos ya españoles de nacimiento.  En el fondo, un montón de paneles con anuncios para la interculturalidad, noticias de acciones solidarias con los inmigrantes, orientación legal, información sobre la ciudad de Elche, ayuda para trámites… y unas pocas ofertas de trabajo. La mayoría de ellas en el extranjero, sobre todo Alemania, donde buscan trabajadores de la construcción y otros oficios afines a este sector tan castigado en España. 

Los inmigrantes no son ajenos a la actual situación de paro en España, pero la acusan más que otros colectivos y afecta más a sus posibilidades.  Ellos no disponen del tejido familiar que existe en las familias españolas, muchas veces porque están solos en este país, y no tienen quien les ayude a salir de una situación límite, más que algún compatriota. Incluso la Administración les ha abandonado

DE NUEVO IRREGULAR
Con la crisis actual, muchos inmigrantes extracomunitarios que llevan años en España en situación regular vuelven a encontrarse en situación irregular, con todo lo que eso conlleva. “Hay inmigrantes que llevan años en España, pero las condiciones que se exigen para renovar el permiso de trabajo imposibilitan que lo soliciten  y su situación termina siendo límite”, nos cuenta María Prió, orientadora laboral de la ONG Elche Acoge. Para obtener el primer permiso de trabajo, ha de conseguirse un contrato de al menos un año de duración, “algo imposible prácticamente para cualquiera en la situación actual de España”, puntualiza María. Eso da posibilidad de conseguir un permiso de trabajo  y regularizar su situación durante un año. 

El siguiente permiso de trabajo se consigue con los mismos requisitos que el primero (un contrato de un año de duración o superior), y vale por dos años. Cuando transcurre el tiempo, han de solicitar el siguiente permiso de trabajo, con los mismos requisitos, y que dura dos años más. 

Cuando el inmigrante lleva cinco años en España, si se han encadenado los anteriores permisos de trabajo, ha de solicitarse el que, se supone, será el último. Éste tiene una duración de cinco años y, para obtenerlo, el inmigrante ha de cumplir los mismos requisitos que para los anteriores. “En la siguiente renovación se le da la residencia, por fin”, añade la orientadora. 

Muchos inmigrantes se dedicaban a uno
de los sectores más castigados por la
crisis / Fuente
“Pero, ¿quién encuentra un trabajo con contrato de  un año ahora mismo? Mucha gente se está quedando en situación irregular tras llevar en España cinco años, o incluso más”, se lamenta María Prió. Y es que si una de las veces el inmigrante no puede renovar su permiso de trabajo, cuando cumple los requisitos para conseguir el siguiente, debe empezar la cadena desde el principio

Por eso, cada vez más, los inmigrantes extracomunitarios se encuentran en una situación irregular, más aún si trabajan en el campo como temporeros, ya que los contratos que se hacen en este sector no llegan nunca a la duración mínima. “Sin contrato no hay permiso de trabajo, y sin permiso de trabajo no te dejan trabajar, porque a los que contratan se les cae el pelo”. Con los controles que se llevan a cabo en los centros de trabajo, los empresarios y contratantes cada vez rehúyen más contratar inmigrantes irregulares. Además, sin permiso de trabajo, en situación irregular, el inmigrante cada vez tiene menos acceso a los servicios públicos

MENOS TRABAJO, MÁS PARA LA MUJER
El colectivo con mayor paro, junto al de los jóvenes, es el de los hombres inmigrantes. “Los varones trabajaban en los sectores que ahora están  en crisis, como el de la construcción. Ahora se encuentran con que tienen que emigrar de nuevo o estar en casa todo el día, sin trabajo”, explica María. “Eso les lleva a conductas autodestructivas: juego, bebida…”. El cambio de rol que supone para algunos hombres inmigrantes, algunos de los cuales proceden de culturas en las que las diferencias entre los roles mujer / hombre son mucho más marcadas, tener que quedarse en casa cuidando de los niños mientras la mujer sale a ganar el pan para la familia es un choque del que a veces su autoestima no se recupera, y que puede incluso llevar a conductas violentas. 

Además, María Prió cuenta que el trabajo en el campo cada vez se consigue más por contactos: “Antes venían buscando inmigrantes a Elche Acoge para trabajar en el campo. Al principio les daba igual de dónde fueran, siempre que tuvieran transporte. Les daba igual que fueran hombres o mujeres, siempre que no hubiera que levantar mucho peso. Los seleccionados llevaban después a compatriotas suyos en cuadrillas y repetían a veces año tras año”, explica la orientadora laboral.”Después empezaron a buscar siempre de una misma nacionalidad – si eran del Este buscaban gente del Este; si eran sudamericanos buscaban a sus compatriotas- , porque era gente que ya tenía contactos con los contratantes, pero les faltaba una cuadrilla. Ahora ya ni eso. Ya no se busca gente para el campo”. 

La recogida de la granada es una de las campañas donde se
utilizan inmigrantes / Fuente
Ni siquiera para trabajar de forma irregular. Lo que más se busca ahora en esta ONG son trabajadoras del hogar para el cuidado de ancianos. “La gente está desesperada por trabajar. Nos pidieron una mujer con disponibilidad de transporte para un trabajo en una pedanía de Elche y una señora sin coche preguntó por la oferta. Le contesté que necesitaba tener un transporte y me dijo que si hacía falta, iría andando, que lo que quería era trabajar. Aunque tuviera que andar 20 kilómetros al día para hacerlo”, relata la orientadora laboral. “Aguantan muchos abusos por miedo y porque quieren trabajar a cualquier precio”. Pero también  reconoce que algunos que reciben prestaciones rechazan a veces trabajos. “Ven que cobran menos que recibiendo la prestación, y eso que el dinero que reciben no es mucha cantidad. Se abusa mucho de su situación.” 

FALTA DE PROTECCIÓN
La ONG Elche Acoge ofrece orientación laboral y asesoramiento jurídico a inmigrantes. Muchos tienen problemas en los lugares donde trabajan: “A veces no les pagan, les pagan menos que a los que tienen más contactos o los tienen en condiciones pésimas, mientras favorecen a otros que son amigos”, explica María. “Pero no denuncian por miedo”. Y no es para menos, ya que, aunque Elche Acoge les asesora legalmente - “No les decimos que denuncien o no, sino las ventajas e inconvenientes que puede tener denunciar. Ni les animamos ni les disuadimos” -, en caso de querer denunciar han de hacerlo ellos mismos, y en la mayoría de ocasiones el miedo es demasiado grande. “Me han llegado alguna vez quejándose de que se habían pasado doce horas en el campo trabajando, con toda la dureza que tiene ese tipo de trabajo, y les habían pagado cinco euros”, relata . “Cuando los casos son muy graves, los derivamos a los sindicatos”. Pero cuando no se está afiliado, el asesoramiento y la denuncia a través de un sindicato cuestan un dinero que la mayoría de los pertenecientes al colectivo de inmigrantes no pueden pagar. 

Además, tras la Ley 10/2012 de 20 de noviembre, las tasas judiciales afectan a todos los españoles, y también a los inmigrantes. “A veces no es sólo el miedo, es que tampoco les interesa denunciar, porque gastan más en el proceso, y más si pierden, que lo que van a conseguir”, afirma María Prió. El dinero que tienen que pagar por denunciar es mayor que el beneficio que puedan conseguir, así que los abusos a los inmigrantes suelen quedar impunes y en la sombra

SIN ACCESO A SANIDAD
Tratamientos para enfermedades crónicas graves dejan de
estar subvencionados / Fuente
La situación de los inmigrantes que ahora mismo se encuentran de forma irregular en España se ha agravado también gracias a otro de los últimos cambios en la legislación llevados a cabo por el Gobierno actual, que no retirará pese a una sentencia del Tribunal Constitucional que avala al Gobierno vasco en su decisión de atender a inmigrantes irregulares en la sanidad pública. Con el Real Decreto Ley 16/2012, que busca, según el Gobierno, garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, desde el pasado 1 de septiembre más de 153.000 inmigrantes se han quedado sin tarjeta sanitaria en España. 

Esto supone que los inmigrantes mayores de edad no tienen acceso a la sanidad universal y gratuita, excepto urgencias y mujeres embarazadas, y que los tratamientos para enfermedades crónicas de estas personas dejan de estar subvencionados. Esto, aparte del perjuicio que supone para los propios inmigrantes, puede desembocar, como han apuntado varios expertos, en un problema de salud para la población española  en general, al rebrotar enfermedades controladas hasta el momento. 

MARGINALIDAD
Los últimos cambios en las leyes tienen como consecuencia que muchos inmigrantes, sobre todo los que trabajan a temporadas, como los trabajadores del campo y la hostelería, se encuentran ahora desprotegidos, con miedo a ser deportados a sus países cuando sus permisos de trabajo caducan y no los pueden renovar. Muchos de ellos quieren volver a sus países de origen, pero no tienen el dinero necesario para hacerlo. “Los enfermos crónicos no se pueden tratar, y pronto habrá muertes por enfermedades fácilmente tratables”, se lamenta María Prió. El VIH, las enfermedades mentales - entre ellas, la depresión, que suele atacar especialmente en estos tiempos a aquellos que no encuentran trabajo - y otras enfermedades crónicas como la diabetes no podrán ser debidamente tratadas, ya que, aunque hay Comunidades Autónomas que aún atienden médicamente a los inmigrantes, sus medicamentos no están subvencionados.

Algunos de estos inmigrantes llevan años trabajando y cotizando en España. “Cada vez hay más miedo a las inspecciones de trabajo y los contratantes no se arriesgan a contratar ilegales”, apunta la orientadora. “Así que los que  pierden su permiso de trabajo, pierden muchas posibilidades de trabajar, aunque sea a temporadas”. Tras años contribuyendo a las arcas públicas, de repente se encuentran sin derechos y sin poder protestar por la imposición de las tasas judiciales.

INMIGRACIÓN SELECTIVA
El drama de los desahucios es mucho más grave en las
familias inmigrantes, con menos recursos y la familia lejos
“Se está dejando claro el tipo de inmigración que se quiere en España”, dice María. Se refiere a la reforma de la Ley de Extranjería del pasado noviembre, en la que el Gobierno estableció que aquellos extranjeros que compraran viviendas de 160.000 euros o mayor importe se les daría la residencia española. “Ningún inmigrante de a pie puede hacer frente a esas cantidades.” 

Pese a ello, durante años a los inmigrantes se les dio toda clase de facilidades para adquirir viviendas, mientras la burbuja inmobiliaria estaba en pleno auge. Ahora, muchos inmigrantes, algunos que incluso vuelven a sus países, se encuentran con una deuda que no pueden pagar y con que, en muchos casos, el banco no acepta una dación en pago. Así que se encuentran en la calle o de vuelta a sus países con una deuda a sus espaldas. 

Una realidad muy injusta para aquellos que durante años han contribuido como el resto de españoles con su trabajo, y frente a la que no tienen armas para defenderse. 

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