lunes, 18 de noviembre de 2013

Así Presento Yo en #EBE13

Este fin de semana, el equipo de Así Presento Yo -mi compañero Alberto Acuña y yo- hemos podido disfrutar de EBE13. Para todos aquellos a quienes interese el mundo de la comunicación y la divulgación, los consejos que dimos en la ponencia "Cómo aprovechar la cultura popular en presentaciones" pueden serles de mucha utilidad. Porque la cultura popular no sólo puede ayudar a hacer mejores presentaciones, sino que también puede ayudar a los periodistas a mejorar sus herramientas de comunicación.

Os dejo el Storify para que podáis extraer aquellas enseñanzas que más os interesen.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La promesa de la opresión


Estoy triste. Ayer constaté cómo gran parte del periodismo, de los periodistas, ya nacen muertos y oprimidos en las facultades. Cómo hasta los estudiantes de una de las profesiones a la vez más gratas e ingratas disculpan y justifican las malas prácticas, en lugar de denunciarlas, hacer crítica para que los que las han hecho esas malas prácticas puedan hacer autocrítica, y se vean obligados moralmente a hacerla.

Aplaudí (y casi lloré) como el que más el comunicado que los trabajadores de RTVV lanzaron en directo en el informativo de Canal 9 -porque para mí siempre se llamará así, por mucho cambio que hicieran o por mucho que lo cierren-, en el que denunciaron ya no solo las presiones a las que se habían visto sometidos, sino los abusos sexuales que eran vox populi entre los que conocían periodistas y otros trabajadores de la cadena, el despilfarro y mala gestión de los, al fin y al cabo, políticos que habían gestionado la cadena... Nada mejor que verlo para disfrutar del uno de los mejores ejercicios de denuncia y periodismo de toda la historia de la cadena, para los que los valencianos hemos tenido que esperar demasiados años, hasta que ha sido demasiado tarde, en el agónico final del único grupo de comunicación que difundía la lengua valenciana.

Me han reprendido por lamentarme de que los trabajadores de la cadena no fueron valientes cuando tocaba -algunos sí lo fueron, pero si no lo son todos, no puede funcionar-, no denunciaron mediante el ejercicio de su profesión, el periodismo, todos los abusos que ayer denunciaban, cuando ya era demasiado tarde. Me han reprendido por, como periodista, hacer autocrítica de cómo podíamos haber cambiado el rumbo periodístico de la cadena -y repito, creo que todos a una podíamos haberlo hecho-, y me han reprendido por, como valenciana, lamentarme de que ese ejercicio de denuncia que vimos ayer no fuera la tónica habitual de la cadena con todos los casos de corrupción, abusos e injusticias que han ocurrido en la Comunidad Valenciana durante estos últimos años. Me han reprendido por lamentarme de que el canal autonómico valenciano no fuera en lo que se ha convertido ahora: un instrumento de denuncia. Me alegra ese cambio de rumbo, aunque ya sea demasiado tarde.

"Hay que comer", "la dignidad no paga las facturas"... Viejas excusas que salen de gente que aún debería ser idealista. De universitarios. Nos han machacado tanto con lo mal que va el periodismo, con las presiones que vamos a sufrir, con que, si conseguimos trabajar en lo nuestro, seremos tan afortunados, que hemos creído que debemos dejarnos pisotear sin protestar, que se puede disculpar todo. Que la culpa no es nuestra si no hacemos nuestro trabajo, sino de las presiones.

Puedo llegar a entender que la gente que tiene una familia que alimentar se escude en esas frases que ya han pasado a ser leitmotiv de la profesión, pero no entiendo que lo digan estudiantes que deberían querer comerse el mundo, querer romper con la mierda que está hundiendo el periodismo. Nos han prometido vivir oprimidos y lo hemos aceptado sin protestar realmente, sin criticar -porque las críticas constructivas deben hacernos reflexionar, mejorar y corregir errores- a nuestros mayores porque viven oprimidos, pobres ellos.

Sí, pobres, pero tienen la opción de decidir y se quedan con la opción cómoda. Y eso es criticable, por muy bien que los trabajadores de RTVV lo estén haciendo ahora. Es criticable aunque se vayan a quedar en la calle. Y eso no significa que me alegre. Estoy muy triste, furiosa, por el cierre y el despido de tantos compañeros, y estoy totalmente de su lado.

Ole por la actual línea. Es la que deberían haber llevado siempre. Al menos podrían irse con la cabeza (aún) más alta de lo que se van a ir, y los valencianos estaríamos defendiendo nuestra televisión a capa y espada, sin pensar por dentro que en realidad no perdemos tanto porque ellos han sido cómplices de su propia caída. Sí, todos sabemos que cierra por mala gestión económica y por los desmanes de los políticos, pero quién sabe si estaríamos así si eso se hubiera denunciado... Nunca lo sabremos.

Estudiante de periodismo, un mensaje para ti, para mí misma. Crítica y autocrítica. La opresión estará ahí al salir, intentarán callarte. No te dejes. Critica a los que lo hacen. Aplaude a los que son valientes. Bordea los límites y salte con la tuya. Tu responsabilidad es muy grande, y la recompensa puede ser ingrata. Pero si no eres capaz de afrontarlo, deja la profesión. El periodismo es para los valientes que intentan romper los corsés en los que quieren meternos.

martes, 5 de noviembre de 2013

Adéu, Canal 9

Aún recuerdo esos lejanos días sentada frente al televisor viendo al Babalà. De la época de A la Babalà no puedo acordarme, claro, era demasiado pequeña. 

Me cuesta mucho escribir esta entrada en castellano, porque pensar en Canal 9 y en Punt 2 (que pasó después a llamarse Nou 2, y después simplemente a no ser), que son los canales que más veía de pequeña, es que me salte directamente el chip valenciano. Recuerdo que hubo una época que, igual que cuando abrió Neox, en mi casa no se veía otra cosa, en mi televisión no había nada más que Punt 2. Eso hizo más por mi bilingüismo que todos los años de enseñanza reglada en valenciano en la escuela.

Me acuerdo de esa vez que mis padres me llevaron al Palmeral de Alicante y pude ver en persona a Babalá y a María Abradelo. Recuerdo llegar del colegio y ver todas las series, todas en valenciano, y lo que me divertía con ellas. 

Recuerdo que mis padres ponían, hace mucho, las noticias en Canal 9, y que me gustaban más que las noticias de las cadenas nacionales porque a veces salía Elche, y cuando llegaban los deportes, hablaban del Elche CF, y eso no pasaba en las secciones de deportes de las cadenas nacionales. También recuerdo que hacíamos planes y mirábamos l'Oratge al final de las noticias de Canal 9 para saber si podríamos hacer una excursión el fin de semana siguiente, porque nos decían el tiempo que haría en las zonas cercanas a nuestra ciudad.

Pero crecí y en mi casa dejó de verse Canal 9 y Punt 2. La programación empeoró, dejaron de poner en Babalá las series que nos gustaban a mí y a mi hermana, las noticias se centraban cada vez más en Valencia y los políticos de turno, en darles una especie de promoción. El valenciano desapareció cada vez más de la programación de la cadena, como de nuestras vidas.

En agosto de 2012, años después de que en mi casa dejara de interesar Canal 9 y nos pasáramos a las televisiones nacionales, a falta de calidad en la nuestra, se anunció un ERE aprobado a traición, selectivo con los trabajadores más incómodos, que no habían entrado por amiguismo. Un ERE injusto por el que muchos alzaron la voz, cuando quizá deberían haberla alzado cuando debían denunciar la manipulación informativa del ente público valenciano. Un ERE que dejó herida de muerte la ya maltrecha credibilidad de RTVV.

Un ERE con tan mala fe que finalmente el TSJCV había comunicado hoy la nulidad del mismo. Pero no interesa, así que la Generalitat ha puesto la excusa del dinero -la misma que Wert para no dar las becas Erasmus, cuestión con la que al final ha tenido que recular, al menos este curso- para cerrar RTVV.

No hay 40 millones para readmitir a los trabajadores de RTVV, pero sí hay un millón al mes para mantener la Ciudad de la Luz. O 300.000 euros al mes para el aeropuerto de Castellón. Y seguro que si vamos sumando, podemos llegar a mantener RTVV funcionando. Pero, por mucho que digan, parece que no interesa.

De momento, parece que Canal 9 será algo sobre lo que hablaré a mis hijos desde mi lejana memoria, pero que ellos no disfrutarán como yo hice.

martes, 10 de septiembre de 2013

The Objective: somos visuales

El ser humano se guía mayoritariamente por la vista. Nuestro oído es pésimo comparado con el oído de muchos otros mamíferos, y no digamos el olfato. Así que las cosas nos entran por los ojos. Sabiendo esto, y viendo cómo está el panorama periodístico, los medios deberían aprovechar mucho más esta circunstancia utilizando, entre otros muchos recursos, buenas fotografías para llamar la atención de los lectores -no nos engañemos: digo medios, pero quiero decir prensa.

Por eso no se entiende que algunos medios se atrevan a prescindir de sus fotoperiodistas, como hizo el Diario de Alcalá. O que ese mismo diario pague ahora a sus lectores si publican fotos que ellos les envíen. Algunos lo llamarán periodismo ciudadano, yo lo llamo timo, porque seguro que ese periodismo ciudadano es considerablemente más barato que tener un fotoperiodista en nómina.(1)

No hablemos de los reporteros que tienen que hacer fotografías de sus propias noticias, muchas veces con compactas, muchas más con sus móviles. El periodista no puede estar a todo a la vez, así que termina perdiéndose calidad en la información y, sobre todo, en las fotografías.

Por eso me ha gustado la vuelta de tuerca de The Objective. En lugar de contar la realidad con un largo texto que trata de aproximarse lo más posible a ella para que el lector la dibuje en su mente y acompañarlo (o no) de una fotografía para ilustrar, The Objective directamente muestra esa realidad a través de magníficas fotografías acompañadas de un pie de foto explicativo.

Este proyecto español con visión global -no podía ser de otro modo en un medio online tan visual- recupera el valor del fotoperiodismo, y no sólo como accesorio, sino como centro. Una selección diaria de fotografías de agencia nos cuenta la actualidad, y los lectores no quedan al margen: tienen una participación activa mediante reacciones y diálogo en redes sociales que se transforma en el cuerpo de la noticia. Una magnífica forma de utilizar los medios sociales que enriquece de matices las noticias.

The Objective también tendrá en cuenta la infografía, ampliando su concepto visual, y, para los más aficionados a las letras, tiene un blog donde firmas de prestigio dejarán sus opiniones. Sin duda, una iniciativa para seguir de cerca.


(1)A todo esto, les dejé un comentario remarcando su poca vergüenza con la situación (escrito desde el respeto, sin insultos ni expresiones despectivas) y, por supuesto, no lo publicaron. ¡Viva la libertad de expresión y el derecho a la información!

lunes, 15 de abril de 2013

Nuevos medios con nuevas ideas


Última portada de Público
Cuando asistimos a la agonía de Público, no podíamos imaginar la cantidad de proyectos innovadores y diferentes entre sí que surgirían de la dinamitación del diario de Jaume Roures. Ahora, poco más de un año después, hemos asistido al nacimiento de medios de tanta calidad y de creciente prestigio como son eldiario.es, capitaneado por el mediático e inquieto periodista Ignacio Escolar, la revista satírica -aunque con muy buenos reportajes de investigación- Mongolia, editada por Gonzalo Boye, la revista Alternativas Económicas, dirigida por Andreu Missé o el mensual La Marea, de la cooperativa MásPúblico, entre otros.

jueves, 11 de abril de 2013

NewPaper: en busca del camino

Los últimos años han sido una espiral de cambios vertiginosos. Demasiados cambios en diferentes frentes que, en ocasiones, son difíciles de digerir, afrontar y, sobre todo, adaptarse. Los dos cambios que han lastrado más a una industria periodística que está en un punto en el que puede renacer o puede morir irremediablemente son la crisis económica y la revolución tecnológica que hemos sufrido -o disfrutado- estos últimos años. Una revolución tecnológica que ha sido comparada con la revolución industrial y que no sólo abarca Internet, sino todos los gadgets y soportes tecnológicos novedosos que han surgido en los últimos años. Esos cambios que están ocurriendo, y hacia dónde pueden llevarnos, los analiza Alber Montagut en NewPaper: cómo la revolución digital transforma la prensa.


sábado, 9 de marzo de 2013

Los criterios televisivos

Cuando empecé a estudiar periodismo, lo primero que me dijeron fue que, cuando hiciera algo, ya fuera en internet, prensa, radio y, sobre todo, televisión, tenía que conseguir que cualquiera de mis abuelas - dos señoras adorables de setenta y largos y ochenta y pico años respectivamente - entendieran todo lo que les estaba contando.

Parece tarea fácil, pero os aseguro que hasta que no os enfrentáis a ella, no podéis comprender lo complicada que es. Señoras, y señores, mayores que llaman a los objetos cotidianos de los jóvenes plaison (o pleisti), y que a algunos que usan ellos mismos los llaman de todo menos por su nombre. Todos tenemos anécdotas de esas. Definitivamente, es complicado hacer entender a la gente mayor muchas cosas cotidianas, y muchas veces se deja por imposible.

En televisión - y en el cine también, aunque no es el caso que nos ocupa - hay dos armas para captar a la audiencia: el morbo por saber lo que va a pasar a continuación y la identificación del espectador con el personaje que aparece en pantalla. El resto de sensaciones derivan de esas dos armas. La primera, la del morbo, es la más utilizada en los últimos tiempos. De ahí vienen los realities, los Faletes piscineros, los famosos travestidos y gran parte de la programación televisiva actual con grandes audiencias. La identificación se utiliza más en programas de reportajes, más periodísticos, con los que se busca "cabrear" a la audiencia, despertarla de su letargo a través de ciertas revelaciones - como hace Salvados -, o se busca contar una historia que emocione al espectador, en la que se pueda ver reflejado y que la inspire. En general, morbo e identificación se mezclan en diferentes proporciones para crear un formato televisivo de éxito que, no olvidemos, convertimos en éxito los telespectadores.

Dicho esto, y teniendo claras estos puntos, pasamos al caso que nos ocupa. Juan Ramón Lucas, uno de los rostros y voces más conocidos del panorama periodístico español, está preparando un nuevo formato televisivo. Bueno, él sólo no, porque estos proyectos no los puede llevar adelante una persona sola. El formato, que se emitirá en Televisión Española, contará la historia de seis emprendedores, de sus sueños e ideas, del difícil camino que llevan recorrido, de lo que quieren sacar y conseguir de ello. Serán, según el propio Juan Ramón, "historias de gente que tiene ideas y capacidad para ponerlas en marcha en una empresa que además cree empleo".

Seis mil propuestas. 6.000. Nada más y nada menos. Ni el proyecto Lanzadera de Juan Roig tiene tantas aún (llevan más de 2.000) De esas 6.000 propuestas sólo quedarán seis. Hay una posibilidad entre mil de salir en el programa que prepara Juan Ramón. Un programa que, recordemos, debe cumplir con identificación o con morbo.

Hay quien encaja mal los rechazos, pero lo de Norman Suarez me ha parecido exagerado. Esta fue su reacción al conocer que no contarían con él en este formato (recuerdo, ¡sólo quedarán 6 de 6.000!)






















Dejando de lado que Twitter no sirve para este tipo de disertaciones (¿no hubiera sido mejor un post de blog?), hay que tener un poco más de deportividad. Yo misma tengo un proyecto entre manos que me parece la repera, lo mejor que he visto nunca, que cumple absolutamente todo lo que debe cumplir un proyecto emprendedor... me lo parece a mí. Veremos si se lo parece también al jurado de Lanzadera - es uno de esos más de 2.000 proyectos presentados - o a otros inversores, en caso de que sea necesario recurrir a ellos. Y si no se lo parece, lo mejoraré hasta que se lo parezca.

Pero creo que aquí no se trata de eso. No dudo, visto lo que comenta, de que el proyecto de Norman sea absolutamente maravilloso, más allá del ego. Pero, visto para lo que lo ha presentado, se me ocurre que más bien busca notoriedad. Y la ha conseguido, visto la que se ha liado, aunque no haya ido al programa. Todo tipo de críticas hacia el proyecto televisivo de Juan Ramón han volado por Twitter. Incluso ha contestado en su blog. Notoriedad es lo que buscaba, porque si buscara inversión, ya que el proyecto es bueno, iría a una ronda de inversores.

En este tipo de programas - y si me equivoco, ya me corregiré cuando salga - se buscan proyectos y emprendedores con los que mi abuela pueda identificarse y pueda entender. No dudo, repito, de que el proyecto de Norman sea espléndido, escalable, emplee gente, se pueda internacionalizar, y que cumpla todas las cosas de la famosa lista que debe cumplir un proyecto emprendedor. Pero no es un proyecto que vaya a inspirar a otros a lanzarse al vacío del emprendimiento. Tampoco, visto el ego de Norman, será él el emprendedor en el que otros que lo estamos intentando nos veamos reflejados.

Identificación. Ese el criterio televisivo que este proyecto, por otra parte perfecto para presentar a rondas de inversores o a concursos de emprendedores, no cumple. Porque si fuera morbo, ya íbamos servidos.

Abuela, espero que lo hayas entendido.

lunes, 14 de enero de 2013

El videojuego independiente en España: Randal's Monday

La industria del videojuego en España es bastante precaria. Sin embargo, hay grupos de jóvenes que apuestan por el género como forma de autoempleo, o como plataforma para conseguir trabajo.

En Elche, dos jóvenes, Toni Pascual y Juan Antonio Pascual, grandes amantes de las aventuras gráficas, decidieron hace cuatro años desarrollar su propio proyecto. De las ideas que tuvieron, nació Randal's Monday, una aventura gráfica con gran cantidad de referencias a la cultura popular.

Cualquiera que llegue a jugar a este videojuego - aún en fase de desarrollo -, encontrará seguro alguno de sus gustos reflejados en los pequeños detalles del juego: gran cantidad de series, películas, música, cómics y, sobre todo, videojuegos tienen su hueco en algún rincón.

El trailer ha sido recibido con entusiasmo por usuarios de una gran cantidad de portales especializados, tanto españoles como extranjeros: 



Ahora mismo, y con alguna que otra oferta interesada en su trabajo sobre la mesa, piensan pacientemente en el siguiente paso que darán.



Un reportaje de Cristina Coll, Gine Toral y yo misma.

domingo, 13 de enero de 2013

Reirregulares y desprotegidos


No cumplir los requisitos para conseguir regularizar la situación de los inmigrantes en España los lleva a una situación límite cercana a la marginalidad y la exclusión social 


La Fundación Elche Acoge lleva 19 años en funcionamiento
Al entrar en el edificio de la Fundación Elche Acoge, que lleva en funcionamiento desde 1994, uno se encuentra con una especie de conserje-secretario marroquí que da la bienvenida al visitante con una sonrisa. También suele haber algunos extranjeros en el pasillo y la sala de espera que hay al final, a veces con sus hijos, algunos ya españoles de nacimiento.  En el fondo, un montón de paneles con anuncios para la interculturalidad, noticias de acciones solidarias con los inmigrantes, orientación legal, información sobre la ciudad de Elche, ayuda para trámites… y unas pocas ofertas de trabajo. La mayoría de ellas en el extranjero, sobre todo Alemania, donde buscan trabajadores de la construcción y otros oficios afines a este sector tan castigado en España. 

Los inmigrantes no son ajenos a la actual situación de paro en España, pero la acusan más que otros colectivos y afecta más a sus posibilidades.  Ellos no disponen del tejido familiar que existe en las familias españolas, muchas veces porque están solos en este país, y no tienen quien les ayude a salir de una situación límite, más que algún compatriota. Incluso la Administración les ha abandonado

DE NUEVO IRREGULAR
Con la crisis actual, muchos inmigrantes extracomunitarios que llevan años en España en situación regular vuelven a encontrarse en situación irregular, con todo lo que eso conlleva. “Hay inmigrantes que llevan años en España, pero las condiciones que se exigen para renovar el permiso de trabajo imposibilitan que lo soliciten  y su situación termina siendo límite”, nos cuenta María Prió, orientadora laboral de la ONG Elche Acoge. Para obtener el primer permiso de trabajo, ha de conseguirse un contrato de al menos un año de duración, “algo imposible prácticamente para cualquiera en la situación actual de España”, puntualiza María. Eso da posibilidad de conseguir un permiso de trabajo  y regularizar su situación durante un año. 

El siguiente permiso de trabajo se consigue con los mismos requisitos que el primero (un contrato de un año de duración o superior), y vale por dos años. Cuando transcurre el tiempo, han de solicitar el siguiente permiso de trabajo, con los mismos requisitos, y que dura dos años más. 

Cuando el inmigrante lleva cinco años en España, si se han encadenado los anteriores permisos de trabajo, ha de solicitarse el que, se supone, será el último. Éste tiene una duración de cinco años y, para obtenerlo, el inmigrante ha de cumplir los mismos requisitos que para los anteriores. “En la siguiente renovación se le da la residencia, por fin”, añade la orientadora. 

Muchos inmigrantes se dedicaban a uno
de los sectores más castigados por la
crisis / Fuente
“Pero, ¿quién encuentra un trabajo con contrato de  un año ahora mismo? Mucha gente se está quedando en situación irregular tras llevar en España cinco años, o incluso más”, se lamenta María Prió. Y es que si una de las veces el inmigrante no puede renovar su permiso de trabajo, cuando cumple los requisitos para conseguir el siguiente, debe empezar la cadena desde el principio

Por eso, cada vez más, los inmigrantes extracomunitarios se encuentran en una situación irregular, más aún si trabajan en el campo como temporeros, ya que los contratos que se hacen en este sector no llegan nunca a la duración mínima. “Sin contrato no hay permiso de trabajo, y sin permiso de trabajo no te dejan trabajar, porque a los que contratan se les cae el pelo”. Con los controles que se llevan a cabo en los centros de trabajo, los empresarios y contratantes cada vez rehúyen más contratar inmigrantes irregulares. Además, sin permiso de trabajo, en situación irregular, el inmigrante cada vez tiene menos acceso a los servicios públicos

MENOS TRABAJO, MÁS PARA LA MUJER
El colectivo con mayor paro, junto al de los jóvenes, es el de los hombres inmigrantes. “Los varones trabajaban en los sectores que ahora están  en crisis, como el de la construcción. Ahora se encuentran con que tienen que emigrar de nuevo o estar en casa todo el día, sin trabajo”, explica María. “Eso les lleva a conductas autodestructivas: juego, bebida…”. El cambio de rol que supone para algunos hombres inmigrantes, algunos de los cuales proceden de culturas en las que las diferencias entre los roles mujer / hombre son mucho más marcadas, tener que quedarse en casa cuidando de los niños mientras la mujer sale a ganar el pan para la familia es un choque del que a veces su autoestima no se recupera, y que puede incluso llevar a conductas violentas. 

Además, María Prió cuenta que el trabajo en el campo cada vez se consigue más por contactos: “Antes venían buscando inmigrantes a Elche Acoge para trabajar en el campo. Al principio les daba igual de dónde fueran, siempre que tuvieran transporte. Les daba igual que fueran hombres o mujeres, siempre que no hubiera que levantar mucho peso. Los seleccionados llevaban después a compatriotas suyos en cuadrillas y repetían a veces año tras año”, explica la orientadora laboral.”Después empezaron a buscar siempre de una misma nacionalidad – si eran del Este buscaban gente del Este; si eran sudamericanos buscaban a sus compatriotas- , porque era gente que ya tenía contactos con los contratantes, pero les faltaba una cuadrilla. Ahora ya ni eso. Ya no se busca gente para el campo”. 

La recogida de la granada es una de las campañas donde se
utilizan inmigrantes / Fuente
Ni siquiera para trabajar de forma irregular. Lo que más se busca ahora en esta ONG son trabajadoras del hogar para el cuidado de ancianos. “La gente está desesperada por trabajar. Nos pidieron una mujer con disponibilidad de transporte para un trabajo en una pedanía de Elche y una señora sin coche preguntó por la oferta. Le contesté que necesitaba tener un transporte y me dijo que si hacía falta, iría andando, que lo que quería era trabajar. Aunque tuviera que andar 20 kilómetros al día para hacerlo”, relata la orientadora laboral. “Aguantan muchos abusos por miedo y porque quieren trabajar a cualquier precio”. Pero también  reconoce que algunos que reciben prestaciones rechazan a veces trabajos. “Ven que cobran menos que recibiendo la prestación, y eso que el dinero que reciben no es mucha cantidad. Se abusa mucho de su situación.” 

FALTA DE PROTECCIÓN
La ONG Elche Acoge ofrece orientación laboral y asesoramiento jurídico a inmigrantes. Muchos tienen problemas en los lugares donde trabajan: “A veces no les pagan, les pagan menos que a los que tienen más contactos o los tienen en condiciones pésimas, mientras favorecen a otros que son amigos”, explica María. “Pero no denuncian por miedo”. Y no es para menos, ya que, aunque Elche Acoge les asesora legalmente - “No les decimos que denuncien o no, sino las ventajas e inconvenientes que puede tener denunciar. Ni les animamos ni les disuadimos” -, en caso de querer denunciar han de hacerlo ellos mismos, y en la mayoría de ocasiones el miedo es demasiado grande. “Me han llegado alguna vez quejándose de que se habían pasado doce horas en el campo trabajando, con toda la dureza que tiene ese tipo de trabajo, y les habían pagado cinco euros”, relata . “Cuando los casos son muy graves, los derivamos a los sindicatos”. Pero cuando no se está afiliado, el asesoramiento y la denuncia a través de un sindicato cuestan un dinero que la mayoría de los pertenecientes al colectivo de inmigrantes no pueden pagar. 

Además, tras la Ley 10/2012 de 20 de noviembre, las tasas judiciales afectan a todos los españoles, y también a los inmigrantes. “A veces no es sólo el miedo, es que tampoco les interesa denunciar, porque gastan más en el proceso, y más si pierden, que lo que van a conseguir”, afirma María Prió. El dinero que tienen que pagar por denunciar es mayor que el beneficio que puedan conseguir, así que los abusos a los inmigrantes suelen quedar impunes y en la sombra

SIN ACCESO A SANIDAD
Tratamientos para enfermedades crónicas graves dejan de
estar subvencionados / Fuente
La situación de los inmigrantes que ahora mismo se encuentran de forma irregular en España se ha agravado también gracias a otro de los últimos cambios en la legislación llevados a cabo por el Gobierno actual, que no retirará pese a una sentencia del Tribunal Constitucional que avala al Gobierno vasco en su decisión de atender a inmigrantes irregulares en la sanidad pública. Con el Real Decreto Ley 16/2012, que busca, según el Gobierno, garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, desde el pasado 1 de septiembre más de 153.000 inmigrantes se han quedado sin tarjeta sanitaria en España. 

Esto supone que los inmigrantes mayores de edad no tienen acceso a la sanidad universal y gratuita, excepto urgencias y mujeres embarazadas, y que los tratamientos para enfermedades crónicas de estas personas dejan de estar subvencionados. Esto, aparte del perjuicio que supone para los propios inmigrantes, puede desembocar, como han apuntado varios expertos, en un problema de salud para la población española  en general, al rebrotar enfermedades controladas hasta el momento. 

MARGINALIDAD
Los últimos cambios en las leyes tienen como consecuencia que muchos inmigrantes, sobre todo los que trabajan a temporadas, como los trabajadores del campo y la hostelería, se encuentran ahora desprotegidos, con miedo a ser deportados a sus países cuando sus permisos de trabajo caducan y no los pueden renovar. Muchos de ellos quieren volver a sus países de origen, pero no tienen el dinero necesario para hacerlo. “Los enfermos crónicos no se pueden tratar, y pronto habrá muertes por enfermedades fácilmente tratables”, se lamenta María Prió. El VIH, las enfermedades mentales - entre ellas, la depresión, que suele atacar especialmente en estos tiempos a aquellos que no encuentran trabajo - y otras enfermedades crónicas como la diabetes no podrán ser debidamente tratadas, ya que, aunque hay Comunidades Autónomas que aún atienden médicamente a los inmigrantes, sus medicamentos no están subvencionados.

Algunos de estos inmigrantes llevan años trabajando y cotizando en España. “Cada vez hay más miedo a las inspecciones de trabajo y los contratantes no se arriesgan a contratar ilegales”, apunta la orientadora. “Así que los que  pierden su permiso de trabajo, pierden muchas posibilidades de trabajar, aunque sea a temporadas”. Tras años contribuyendo a las arcas públicas, de repente se encuentran sin derechos y sin poder protestar por la imposición de las tasas judiciales.

INMIGRACIÓN SELECTIVA
El drama de los desahucios es mucho más grave en las
familias inmigrantes, con menos recursos y la familia lejos
“Se está dejando claro el tipo de inmigración que se quiere en España”, dice María. Se refiere a la reforma de la Ley de Extranjería del pasado noviembre, en la que el Gobierno estableció que aquellos extranjeros que compraran viviendas de 160.000 euros o mayor importe se les daría la residencia española. “Ningún inmigrante de a pie puede hacer frente a esas cantidades.” 

Pese a ello, durante años a los inmigrantes se les dio toda clase de facilidades para adquirir viviendas, mientras la burbuja inmobiliaria estaba en pleno auge. Ahora, muchos inmigrantes, algunos que incluso vuelven a sus países, se encuentran con una deuda que no pueden pagar y con que, en muchos casos, el banco no acepta una dación en pago. Así que se encuentran en la calle o de vuelta a sus países con una deuda a sus espaldas. 

Una realidad muy injusta para aquellos que durante años han contribuido como el resto de españoles con su trabajo, y frente a la que no tienen armas para defenderse. 

miércoles, 9 de enero de 2013

El camino de un viaje de ida y vuelta

Bara llega puntualmente en moto. Es sorprendente, ya que era de esperar que viniera en su furgoneta o, como solía hacer antes de sacarse el carnet de conducir, en la bici que le acompañaba a todas partes. “Me la he comprado esta semana”, dice Bara sobre la moto. Viene de trabajar. Las cosas le van bien. Pide disculpas por su aspecto y pregunta si le da tiempo a ir a casa y darse una ducha. “Me sentiré más cómodo si estoy limpio”, dice entre risas. 

Bara Dioula, ya en la segunda toma
Segunda toma. Media hora después, en el mismo sitio, Bara aparca su moto y se quita el casco, sonriente. Parece un hombre nuevo sin la ropa de trabajo. Lleva las rastas recogidas en una coleta y un palestino abrigándole el cuello. 

Bara Dioula (Dakar, 1993) es un inmigrante senegalés que realizó el camino de la patera tan joven que asusta. Con 13 años decidió embarcarse en un viaje que podría ser mortal para conseguir el sueño europeo. “Yo quería ayudar a mi familia. Sabía que no podría trabajar hasta los 16 años, porque me lo dijo un amigo de mi padre”. Pero parece que Bara lo tenía todo pensado: “Yo siempre había querido aprender a leer y a escribir. Así que pensé que podría venir antes de los 16, ir a la escuela y, cuando tuviera la edad, trabajar”. Los planes de Bara terminaron yendo por otros derroteros: “A los 16 seguí estudiando. Me gustaba estudiar. Al menos, hasta que descubrí lo que era estudiar”, reconoce entre risas. 

Bara no pudo estudiar en Senegal. Su padre es carpintero y músico, pero ni una cosa ni la otra dan mucho dinero, así que apenas podían sobrevivir con ello. Él trabajaba con su padre en el taller desde pequeño. A la pregunta de a qué se dedicaba su madre, su reacción es callada y confusa. “Mi madre se quedaba en casa cuidando a mis cinco hermanos pequeños”. Bara además tiene una hermana mayor que también está en Senegal. “Toda mi familia está allí”. 

Por suerte, Bara también tiene una “familia” – en este caso, de acogida – en España, pero hasta llegar a ella, tuvo que recorrer un largo y difícil camino. “Siempre he querido venir, porque siempre he querido conocer Europa. Toda la gente que venía aquí volvía con mejor aspecto, podía comprarse una casa y las cosas le iban bastante bien. Todos los que vienen a Europa pueden convertirse en millonarios en Senegal”, explica Bara. “El visado no te lo dan así como así. Así que cuando salió la oportunidad de poder venir en patera, pagando, la aproveché. Había gente que llegaba, otra que no, pero era un riesgo que había que correr”. 

Muchos inmigrantes se dejan la vida en embarcaciones
frágiles como la de la imagen / Foto de Petits Detectius
El precio por un viaje en el que te lo juegas todo son 800 €. “Eso equivale a cinco sueldos de un profesor en Senegal”. Por fin llegó una oportunidad que Bara no quiso rechazar, pese a que sabía que podía morir en el trayecto. “Mi primo murió en una patera tres semanas antes de que yo saliera, y no sabíamos nada de él. A lo mejor al ser tan pequeño no lo pensé”. Pero no todos los que se embarcan en este viaje son tan jóvenes como lo era Bara: “El paro allí es un gran problema: cada año sube un 2,8%. La gente no tiene dinero, ¿cómo come? En Europa puedes vivir mejor. Este viaje es triunfar o morir”. 

Pero al llegar aquí “no es oro todo lo que reluce”. Los que vuelven a Senegal presumen de todo lo que hay en Europa de una forma un tanto exagerada, lo que recuerda un tanto a lo que ocurría en las décadas en las que los españoles íbamos a Suiza y Alemania a trabajar. “Son un poco fantasmas”, reconoce Bara. De los que vinieron con él en la patera, sigue en contacto con un amigo de su padre, al que deportaron hace un año y medio, y que se dedicaba a vender CDs, relojes, bolsos… “Vivía más o menos, pero no del todo bien. Cuando volvió a Senegal, la gente pensaba que estaba de vacaciones, pero cuando pasó el tiempo la gente sospechó la verdad. Pero al menos está con su familia. Dice que no volvería en la vida y que quizá fue un error venir”. 

Las ilusiones de muchos inmigrantes se rompen cuando
llegan y se enfrentan a la realidad / Foto de Swanksalot
Los sueños de los inmigrantes que vienen son todos parecidos: “Encontrar trabajo, ayudar a su familia y volver allí, comprar una casa y abrir un negocio, porque no vienen aquí pensando en quedarse para siempre. Una vez que han ahorrado lo suficiente como para vivir bien allí, se van”. 

Bara recuerda a los que iban con él en la patera: “El capitán de la patera era un amigo de mi padre. Al resto no los conocía, porque eran de otros pueblos, o los conocía muy poco. Yo era el más pequeño, y el más mayor tenía más de 50 años. Había de todas las edades”. 

El viaje de 13 días en la patera hasta la costa canaria fue bastante duro para Bara: “No tenía suficiente ropa de abrigo, solo una camiseta y un pantalón. Siempre estaba húmedo. Un hombre me dejó una chaqueta, porque me moría de frío. Fue horrible. Pero no pensaba en lo duro que estaba siendo el viaje, sino en cuándo llegaríamos y en cuándo volvería a ver a mi familia, si es que los volvía a ver”. Por suerte, todos llegaron bien hasta la costa, “unos más débiles que otros”. 

Bara también se acuerda de la reacción que tuvieron al ver las luces de la costa: “Cuando anocheció, vimos la isla con sus luces y todos, alegres, dijimos: ‘¡Hemos llegado, hemos llegado!’ Pero hasta mediodía no llegamos a la costa”. Las autoridades les recibieron: “De repente vino una moto de Cruz Roja a recibirnos. Nos preguntó si hablábamos francés, pero ninguno quiso hablar. Nos pidió que lo siguiéramos y nos llevó al puerto. Allí había ambulancias y gente de Cruz Roja que nos atendió”. No tenían miedo a nada, salvo a que los deportaran. “Pero en aquella época deportaban a poca gente. Yo vine de los primeros. Conforme pasó el tiempo, el miedo a la deportación crecía”. 

Después de que Cruz Roja los atendiera, los llevaron al hospital, donde les preguntaron la edad y el nombre, y separaron a los adultos de los menores. “Tenía dos compañeros más. Nos pusieron en una celda, donde pasamos la noche. A los adultos los llevaron a un campamento que tenían para los mayores”. Bara se refiere a los centros de internamiento de inmigrantes, que llegaron a estar colapsados y que ahora están cerrando porque están casi vacíos. “Si a los 45 días no te habían deportado, ya no lo hacían. Entonces te llevaban a la Península. 

Muchas veces llegan para encontrarse encerrados en CDI o
en centros de menores / Foto de Aseditec
"Todos los que íbamos en mi patera llegamos a la Península”. Bara acabó en un centro de menores. Él y sus compañeros están convencidos de que los iban a meter en una cárcel, y cuando, mientras iban en el coche de policía, vieron que un chaval se asomaba por una ventana con rejas en el lugar donde iban, se asustaron y comenzaron a gritar que los habían llevado a una cárcel. “Me puse a llorar. No entendía lo que me decía el policía: ‘Vas a poder comer, vas a dormir bien’. Pero allí encontramos un senegalés al que hicimos mil preguntas, y ahí nos tranquilizamos”. Estuvo un mes allí antes de que le trasladaran a otro centro de menores en Canarias, junto a otros 50 inmigrantes en su misma situación. Cinco de ellos eran de Mali: “Los de Mali y los de Senegal no se llevaban muy bien, pero en general no había demasiados problemas”. 

El pueblo donde estaba el centro de menores al que fue trasladado realizó varias manifestaciones en contra de la presencia de estos 50 inmigrantes en el pueblo. No podían salir de la casa donde estaban, así que era como una cárcel. “Nos insultaban cuando salíamos una vez al mes a hablar por teléfono o a dar un paseo por el centro. Es lo que había”, se lamenta Bara. Por suerte, no se ha encontrado mucho más racismo en el tiempo que ha estado en España. 

Galicia fue la siguiente parada de su viaje, donde pasó ocho meses en un centro de menores. Allí, Bara lo pasó peor. Se sentía sólo y tenía los movimientos más limitados. “Nos trataban más o menos igual que a los chicos conflictivos que había en el centro. Quizá nos trataran con más cariño”. 

A Bara le suena el móvil. Suena una canción de rap, un género musical que le encanta y que tiene grandes exponentes tanto en francés, uno de sus idiomas maternos, como en castellano, idioma que aprendió muy rápido. “Cuando tomo interés en una cosa, aprendo rápido. Tengo buena memoria”. En los centros de menores tuvo clases de español: “En Galicia, era un alivio ir a clases de español. Yo no hacía los deberes, pero era bueno porque salíamos del centro y hablábamos con nuestros compañeros”. 

Bara tuvo mucha suerte. Acabó en una familia de acogida en Elche gracias a un educador que trabajaba dando clases de español en el último centro en el que estuvo en Canarias. “Me tenía un cariño especial, era el más pequeño. Yo era el que mejor hablaba español, y no porque lo estudiara. Me mandaba deberes como al resto de los chicos y yo no los hacía”, reconoce Bara entre risas. “Teníamos una amistad y cuando me fui a Galicia seguimos en contacto. Le contaba la situación en la que estaba y él se preocupaba, porque si hubiera seguido en aquel centro, quizá la cosa hubiera acabado mal para mí. Malas influencias”, recuerda Bara. 

Bara, a la izquierda tocando, en el campamento de
EducaSenagal de verano de 2012
“Entonces él dijo que iba a hablar con sus padres para ver si podían acercarme a centros de la zona de Alicante, y sus padres decidieron acogerme en casa”. Gracias a sus padres adoptivos, Paco y Loli, Bara ha podido acabar la ESO, sacarse un módulo de monitor y poder trabajar en la Granja-escuela La Loma. Además, Bara ha montado una ONG dirigida a la educación de los niños y jóvenes senegaleses, Educasenegal, con la que, cada verano, organiza un campamento en Dakar para los niños en mayor riesgo y gracias a la cual beca a jóvenes en temas de material escolar. Su mayor proyecto ahora es conseguir dinero para construir cayucos para que los que han tenido que volver a Senegal sin nada en las manos de su arriesgada aventura europea puedan trabajar en la pesca de la zona. 

Cuando va a Senegal y ve a sus padres, estos le dicen que ya no tiene la mentalidad de un senegalés, que va creciendo. “Se sienten muy orgullosos de mí y de Educasenegal”, dice Bara con un brillo en los ojos. 

El viaje de Bara ha sido largo, pero él espera que tenga retorno: “Yo quiero volver, pero también estoy bien aquí. De un año a otro las cosas cambian. A lo mejor me enamoro y no quiero volver”.