jueves, 31 de mayo de 2012

Salida de emergencia: volver al aula

Miles de jóvenes que han querido incorporarse al mundo laboral retoman sus estudios como alternativa a continuar en el paro

Carlos Ibarra es un joven ilicitano de 24 años y forma parte de esos miles de jóvenes - un 48,61% del total, según los datos del paro de abril - que quieren un empleo, pero no lo encuentran. Él, como muchos otros jóvenes, ha elegido retomar los estudios en busca de ese Dorado que promete la ampliación de formación de cara a incorporarse al mundo laboral.
Según el INE, los alumnos de grado y de máster aumentaron el pasado año un 36% y un 29,5%, respectivamente. Los estudios son la salida al tedio de no hacer nada para miles de jóvenes - y no tan jóvenes - que no ven salida a su situación, y que prefieren aumentar sus conocimientos, titulaciones y posibilidades mediante la ampliación de sus estudios que estar todo el día en casa sin hacer nada.
Es el caso de Carlos, que actualmente se prepara para realizar la prueba para acceder a un grado superior. Es la única alternativa que le queda, aunque él mismo confiesa que no lo hace por gusto: “Lo hago porque no tengo más remedio”, afirma resignado.
No quiere estudiar, pero lleva mucho tiempo buscando trabajo y no encuentra nada. Después de las prácticas que hizo cuando terminó los dos ciclos formativos de grado medio que ya tiene, Comercio y Auxiliar de Enfermería, sólo ha tenido un trabajo: “Duró 5 días y al terminar, me echaron a la calle. Lo conseguí gracias a mi hermano”.

LA CULTURA DEL ENFUCHE 
Carlos destaca que las “recomendaciones” siguen siendo muy habituales en el mundo laboral, muy a su pesar: “Casi todos los que conozco que están trabajando es porque su familia tiene una empresa y los pueden colocar, o porque conocen gente. Se cultiva la cultura del enchufe, y siempre será así”.
Carlos también se lamenta de que los empresarios no den oportunidades a los jóvenes, ya que siempre buscan gente con experiencia y “una persona que acaba de estudiar o que termina una carrera es difícil que tenga experiencia, y por lo tanto no lo van a contratar”. El joven está convencido de que ese es uno de los grandes problemas que hay que solucionar para que baje el paro juvenil tan alto - casi la mitad de la población joven - que existe en España. Carlos añade que no pueden pretender solucionar el paro mientras toman medidas como aumentar la edad de jubilación: “Se ha alargado la edad de jubilación, y si la gente mayor no se jubila, los jóvenes no pueden acceder a sus puestos”.

LA INUTILIDAD DEL SISTEMA
Carlos consta en el recuento de parados porque está inscrito en el paro, pero afirma que es un trámite que no le ha servido de nada para encontrar trabajo: “Me apunté hace ya bastantes años, cuando hice el primer ciclo. Simplemente fue un trámite, lo que hacían era ofertarme cursos para desempleados. Es poco útil. De hecho, ya me lo dijeron: ‘En el paro no te van a buscar trabajo’”.
No es lo único que el joven ilicitano ha intentado hacer para encontrar trabajo. Como muchos otros jóvenes y parados en general, Carlos ha repartido su currículo por todos los lugares posibles: “Iba a todas partes, echaba currículos donde me decían, si me enteraba de alguna noticia en el periódico o en la radio iba al sitio a dejar el currículo, hablaba con la gente y esperaba a que me llamasen”. Pero esas llamadas no solían llegar casi nunca: “Me han llamado alguna vez para alguna entrevista, pero no me han vuelto a llamar. Cuando abrieron en Elche el Hospital del Vinalopó, pasé varias pruebas y al final no me cogieron, aunque me quedé a las puertas”.

LA FIEBRE DEL TÍTULO
Este panorama es en el que se encuentran miles de jóvenes en toda España, que no pueden salir del nido de su casa y que son presionados por sus padres en muchas ocasiones para que continúen estudiando.
Los padres de Carlos han sido los que han animado al joven a que haga un ciclo formativo superior, pese a que a él no le agradaba la idea: “Pienso que algunos padres sufren de titulitis. A mí me han dicho, y no sólo mis padres: ‘Tú no pares de formarte, porque cuantos más títulos tengas para trabajar, mejor, tendrás más posibilidades’. Eso no se cumple. Pocos de los que han estudiado conmigo, y de los que conozco en general, están trabajando”. Puede palparse la desilusión del joven en sus palabras, copia de la desesperanza que cunde entre gran parte de la juventud española. 
Aún así, la mayoría de jóvenes aprovecha el parón entre que dejan de estudiar hasta que se incorporan al mundo laboral para aumentar sus competencias en idiomas u otras habilidades. Carlos no es la excepción: “He hecho varios cursillos, que valen para seguir formándote. Y el tema del inglés me lo había planteado, pero no he visto nada todavía”.
Como muchos, Carlos no entiende el objetivo de tanta formación, ya que la competencia en el mundo laboral es brutal y es complicado ser el mejor: “Siempre dicen: ‘Tienes que seguir formándote, porque podrás acceder a un mejor trabajo’, y luego acabas repartiendo pizzas”. En ocasiones, ni eso.

RECORTES EN EDUCACIÓN
Muchos jóvenes que huyen de la crisis y el paro retornando a las aulas se encontrarán de nuevo con la crisis en primera persona. Los recortes en educación son una realidad: afectarán al sistema de becas y disminuirán los beneficiarios. Las matrículas universitarias aumentarán hasta 560 euros por año y los ciclos de formación superior dejarán de ser gratuitos y costarán 360 euros. 
Por un lado se anima a los jóvenes a que se formen y por el otro se restringe el acceso a la educación: “Veo bien que nos pidan que nos formemos, pero a lo mejor luego hay gente que no puede pagarse los estudios y no puede hacer aquello que le gusta”, opina Carlos. Al preguntarle sobre qué pasaría si se viera obligado a trabajar para pagarse los estudios, contesta: “Creo que en mi situación no podría. Y como yo, seguro que habrá muchísimos que no pueden”.

PERSPECTIVAS DE FUTURO
Se dice que la actual generación de jóvenes será la más formada de la historia de España, pero parece que esto no repercutirá en el país del modo que debería, ya que muchos jóvenes optan por marcharse al extranjero en lo que ya se ha calificado como fuga de cerebros. “La gente se está formando demasiado porque si las cosas luego no van bien aquí, pueden buscarse la vida en otro país. En esos países suelen pedir gente con titulación”. Carlos habla sobre salir al extranjero como muchos otros jóvenes. El dinero que el  Estado ha invertido en la educación de esos jóvenes se pierde o sus frutos y beneficios van a parar a otros países. “De momento, sólo he buscado en la Comunidad Valenciana, no he pensado irme más lejos”, cuenta Carlos cuando se le pregunta si ha pensado en emigrar. “En cuanto al extranjero, he estado informándome para saber si podría irme como voluntario a cualquier país europeo, porque eso sí que me interesa. Aunque no paguen, cubren los gastos de manutención. Si me planteara ya quedarme en uno de esos países, buscaría algo por allí y si me va bien, me quedaría, ¿por qué no?”. Pocos jóvenes descartan la emigración en la  situación actual.
Pese a que el estudio no es su pasión, Carlos no descarta entrar en la universidad si esta situación se prolonga después de que acabe el ciclo de grado superior de Laboratorio que quiere cursar: “Me lo tendría que pensar bastante. Si estuviera en una situación como en la que me veo ahora mismo, me lo plantearía, porque, como ya no tendría que pasar Selectividad, lo tendría fácil para entrar. Sería pensármelo. Cuatro años más no se notan”. Y se ríe. Está claro que el humor es más necesario que nunca en estos momentos.

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