lunes, 16 de abril de 2012

Contar historias de paz

Con la entrevista a Maribel Hernández terminamos la primera tanda de entrevistas en ceropatos, dedicadas a las diferentes trayectorias de varios periodistas. ¿Y quién es Maribel Hernández?, te preguntarás. 
Maribel tiene 30 años y es ilicitana. Comenzó a estudiar Publicidad y RRPP hasta que se dio cuenta de que eso no era lo suyo, y que su pasión era contar historias, por lo que, gracias a beca, consiguió estudiar en la CEU de Elche, la única universidad de la provincia en la que, en aquel entonces, podía cursarse Periodismo. No sólo lo suyo era contar historias, sino que además tenían que ser historias de paz, cosa que aprendió en un postgrado que realizó en Barcelona. Ha colaborado en medios como Periodismo Humano dando voz a aquellos que no la tienen y, además, ahora se dedica a compartir sus conocimientos con los estudiantes de la UMH.

Pregunta: ¿Dónde te formaste? ¿Consideras importante lo aprendido en la universidad para el desempeño de tu trabajo, o realmente lo aprendiste todo trabajando? 
Respuesta: Estudié Periodismo en el campus de Elche de la Universidad Cardenal Herrera-CEU, fui la primera promoción en la ciudad, lo cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes, tanto en lo que respecta a la formación académica como a la práctica. En mi caso, tuve la suerte de estudiar becada durante toda la carrera y de hacer prácticas desde primero. Antes de acabar ya estaba trabajando contratada en el diario Información de Elche por lo que fui combinando ambos mundos, más alguna pequeña incursión en el terreno de la investigación. 
Respecto a la segunda cuestión, yo soy una defensora acérrima del paso por la Universidad. Es cierto que el periodismo tiene una dimensión importante de oficio, de carácter técnica, pero no hay que perder de vista que trabajamos con información, somos los responsables de hacer entender al resto de personas lo que pasa en el mundo, desde lo local a lo internacional, y eso entraña una gran responsabilidad. El periodista, en mi opinión, tiene que tener, como se dice coloquialmente, “la cabeza bien amueblada”, una formación de base sólida, humanística y, a ser posible, especializada en aquellas áreas que sean de su interés. La Universidad nos enseña a pensar, a ser críticos, disciplinados en nuestro trabajo e, incluso, diría yo, nos ayuda a conocernos mejor. El periodista tiene que ser curioso por naturaleza y no se me ocurre un lugar mejor para saciar esa curiosidad, para aprender, para entender qué es esto de la comunicación que la Universidad. Creo que es el mejor espacio para comenzar a forjar nuestro propio perfil, nos permite experimentar, aprender. Si todo lo tuviéramos que aprender trabajando seríamos unos profesionales mucho más limitados, casi clónicos. 

P: Mientras estudiaste en la universidad, ¿combinaste la carrera con la participación en medios de comunicación, aunque fuera sin cobrar? ¿Cuándo aportó esto a tu formación? 
R: Sí, de hecho ya antes de comenzar a estudiar, cuando era estudiante de Secundaria hice mis primeros pinitos. Lo mío era totalmente vocacional, siempre lo tuve muy claro. Creamos una revista juvenil en la parroquia el barrio, todavía lo recuerdo, Brotes se llamaba, y ahí escribí mi primer reportaje, sobre explotación infantil. Luego, el último año del instituto realicé el curso de la Asociación de la Prensa de Alicante, Periodistas 2000, donde hicimos prácticas en radio y creamos también un periódico. Ésa fue mi primera entrevista de verdad. ¡Lo recuerdo perfectamente! Y antes de entrar en Periodismo, mientras cursé primero de Publicidad y Relaciones Públicas, dirigí un programa de radio semanal sobre la vida en la cárcel en Cope Alicante. Tenía 18 años y una voz de niña todavía más marcada que la que tengo ahora ;) Fue una experiencia maravillosa, el gusanillo en el estómago, el directo, recibir el feedback de oyentes y de los propios presos… Recuerdo especialmente la emoción del día que trasladamos el estudio a Fontcalent e hicimos el programa desde dentro de la prisión. Aprendí muchísimo. 
Todo esto que hice antes de estudiar Periodismo fue gratis, pero en ningún momento pensé en el aspecto económico, era una adolescente. Simplemente lo disfruté y aprendí. 
Luego, durante la carrera, pude hacer prácticas desde el primer año, y todas, siempre, fueron remuneradas. Fundamentalmente, en mis años de estudiante trabajé puntualmente para Tarsa, en gabinetes de prensa de congresos, del Festival Medieval de Elche y del Festival de Cine. Aprendí mucho sobre el trabajo desde el otro lado, la comunicación empresarial que, en los contenidos de la carrera, por aquel entonces, todavía no estaba muy desarrollada. Por otra parte, en el último curso trabajé como redactora en el diario Información, también contratada. Durante aproximadamente un año fui corresponsal para este diario en Santa Pola y trabajé los fines de semana para la edición local. Así que tuve la suerte de complementar en todo momento la formación teórica con la práctica profesional. En ese sentido, sí creo que al licenciarme tenía una buena preparación y, al menos a nivel local, ya sabía más o menos, cómo funcionaba este mundo. 

P: ¿En qué otras actividades, herramientas o habilidades te interesaste mientras estudiabas y luego te han servido en tu trabajo? (Redes sociales, idiomas, protocolo, diseño...) 
R: Siempre me han gustado los idiomas. Desde bien pequeña estudié inglés, cuando empecé la carrera ya había acabado la Escuela de Idiomas. Durante la carrera he estudiado francés, aprendí italiano mientras estuve de Erasmus en Milán, y comencé a estudiar árabe, lengua que he retomado ahora. Los idiomas nos abren el mundo, amplían nuestras posibilidades de comunicarnos, y en una profesión cuyo eje central es ése, cuantos más idiomas hables, mayor potencial. Es un gustazo cuando puedes entrevistar a alguien al otro lado del Atlántico, en su propia lengua. Saber idiomas elimina barreras y, en un contexto de dificultad, como el que ahora tenemos, cuantas más fortalezas –en términos de habilidades- vayas acumulando, mejor. 
El tema de las redes sociales y la web lo he aprendido tras licenciarme. Recuerdo que cuando volví de Erasmus, en 2004, mis compañeros habían tenido una asignatura llamada Periodismo Digital, y el profesor les había hecho abrirse un blog. En aquel entonces lo de la red 2.0 todavía sonaba a chino… yo lo aprendería después, movida también por esa curiosidad que te obliga a estar al día. En parte, la suerte es esa, que uno mismo puede ir experimentando y aprendiendo por su cuenta. 
Luego, podría destacar también el voluntariado. Desde segundo de carrera soy activista de Amnistía Internacional en Elche, donde he gestionado todo el tema de medios de comunicación. Es un trabajo de voluntaria, pero asimilable al de cualquier responsable de comunicación de una ONG a una escala local. En esto, fue de gran utilidad lo que iba aprendiendo en las prácticas que hacía con Tarsa, preparar comunicados, organizar ruedas de prensa, seguimiento de medios, etc. 

P: Al salir de la facultad, ¿qué panorama encontraste? ¿Era lo que esperabas al entrar en la carrera, o tus expectativas fueron diferentes a la realidad?¿Te fue fácil encontrar trabajo? ¿Hiciste prácticas? ¿Fueron remuneradas, o pagaste por trabajar? 
R: Cuando salí de la facultad ya trabajaba de periodista en Información, por lo que no experimenté un cambio importante en ese sentido. Simplemente, seguí trabajando. Trabajaba de lunes a domingo, con fines de semana de más de diez horas al día. Era agotador y descubrí que la rutina de la información local no era lo que yo buscaba. Fue la época en la que, paradójicamente, menos leí fuera del trabajo, y luego, veía que mis compañeros en la redacción, diez, quince, veinte años después, seguían haciendo lo mismo. Lo tuve claro: “éste no es mi sitio”. Yo quería ver mundo, seguir aprendiendo, mi pasión ha sido siempre lo social así que opté por la formación de posgrado. 

P: ¿Cómo conseguiste tu primer trabajo? ¿Algún consejo para aquellos que comienzan ahora a buscar? 
R: El primer trabajo lo conseguí a partir de las prácticas. En primero de carrera seleccionaron a un pequeño grupo para formar parte del gabinete de comunicación de un congreso, allí conocí a la gente de Tarsa, a José Vicente Castaño y Olga Pozo. Ese verano me llamaron para trabajar con ellos en el Festival de Cine de Elche, y a partir de ahí, fui enlazando festivaleshasta que llegué al diario Información. 
Mi caso y el de mis compañeros de promoción fue peculiar. Fuimos, en cierto sentido, afortunados. Al acabar la carrera todos estábamos trabajando en medios.En parte, porque éramos la primera promoción que se licenciaba en la provincia y la crisis, en 2005, todavía no había hecho mella en las redacciones, es más, nacían nuevos medios, había más oportunidades y fuimos los primeros en estar ahí. Ahora, el escenario es otro. Si fuera a licenciarme apostaría por lo digital, trataría de ir definiéndome, creando mi propia imagen de marca a través de Internet. Puede sonar a tópico pero creo que eso es una de las cosas que marca la diferencia entre los nuevos licenciados, aquellos que, al salir de la Universidad, ya tienen un espacio en el que demuestran lo que hacen. Es complicado buscar trabajo a la vieja usanza, los tiempos han cambiado. Mi consejo es que aprovechen los años de formación para aprender, formarse, viajar, experimentar. Que sean curiosos, inquietos, que lean hasta la saciedad y siempre que sea posible, que vayan combinando formación y experiencia. Para mí, la especialización es importante, tenemos que diferenciarnos. Y sobre todo, intentar hacer aquello que nos apasione. 

P: Te marchaste a Francia a estudiar francés. ¿Consideras importante tu experiencia en el extranjero para tu desarrollo como periodista? 
R: Cuando me dieron la beca para estudiar en Francia fue cuando decidí abandonar el periódico. Podemos decir que ese momento marcó un antes y un después. Por un lado, cumplí el sueño que siempre había tenido de estudiar en la Sorbona y vivir en París, aunque sólo fuera durante un mes y medio; por otro, me sentí, por primera vez, libre, dueña de mi destino. Y fue en París donde decidí que mi siguiente paso sería Barcelona y la formación de posgrado. 

P: ¿Cómo cambió tu forma de ver el mundo como periodista el postgrado en Cultura de Paz que realizaste en Barcelona? 
R: El posgrado en Cultura de Paz de la Autónoma fue el inicio de un camino. Aunque el programa no era específicamente sobre comunicación, sino sobre conflicto y construcción de paz, ahí adquirí las bases de lo que ha sido mi trayectoria a partir de ese momento. Descubrí que una de las teorías planteadas por el fundador de los Estudios de Paz, Johan Galtung, era el Periodismo de Paz, una propuesta que trata de mejorar la cobertura de los conflictos en los medios, cambiar el paradigma, tan enfocado sobre la violencia, para ir avanzando hacia una cultura de paz. ¡Era lo que andaba buscando! A nivel personal, el paso por la Escola de Pau fue una experiencia tremendamente enriquecedora, yo creo que, en cierto sentido, transforma a todo aquel que pasa por allí. Aprendes a mirar el mundo con otros ojos, a ir más allá de la superficie. A partir de ese momento mi trayectoria como periodista se vinculó al mundo de la investigación para la paz, por eso comencé estudios de doctorado, ya en Alicante y, aunque con alguna incursión en el terreno profesional, es a lo que me he dedicado primordialmente hasta este momento. 

P: Ahora trabajas como profesora en la UMH. ¿Te veías como docente al comenzar la carrera? ¿Qué destacarías de esta nueva experiencia? 
R: En absoluto. Yo estudié periodismo porque lo que quería era contar historias. Y, en parte, ése sigue siendo uno de mis objetivos al que no pienso renunciar jamás. Viajar, conocer y escribir. Todo lo entiendo cómo el mejor camino para formarme, pero sin perder de vista ese objetivo inicial de promover el cambio, contribuir a que este mundo sea un lugar un poco mejor. Ahora tengo la oportunidad de aportar mi pequeño granito de arena en el área de la docencia. Es cierto que no lo esperaba, pero me ha sorprendido. Me gusta compartir con los estudiantes esta pasión por el periodismo, acompañarlos en su proceso de aprendizaje, ayudarles a convertirse en buenos profesionales. Creo firmemente en la máxima de Kapuscinski de que para ser un buen periodista hay que ser una buena persona. Me estoy encontrado con chicos y chicas que viven esto con auténtica pasión y eso refuerza también la mía. Me vuelve a conectar con lo esencial, con la periodista que soy. La docencia ha sido un regalo fantástico pues, en ocasiones, la vida del investigador académico es muy solitaria, mucho papel y ordenador. Haber comenzado a dar clases en la UMH también es muy positivo por otras razones. He encontrado un equipo humano muy motivado, compañeros y compañeras con muchas ganas de hacer cosas, de trabajar juntos y, además, de disfrutarlo, cosa que no pasa en todas las universidades. Y eso, inevitablemente, repercute luego sobre los alumnos. A veces uno idealiza lo grande, Madrid, Barcelona… Es cierto que Elche es una ciudad mucho más modesta, que la carrera tiene menos recorrido, pero no tiene nada que envidiarle a ningún otro lugar. Al contrario, hay que saber aprovechar las ventajas que ofrece cada lugar. Para contar una buena historia no hace falta vivir en una gran capital. 

P: Has colaborado en Periodismo Humano. ¿Te parece que es un nuevo modelo de periodismo que podrían adoptar otros medios, tanto emergentes como ya consolidados? 
R: La salida a escena y el éxito que, en cuanto a contenido, ha cosechado Periodismo Humano demuestra una cosa: que hay muchos periodistas con ganas de contar historias que no suelen tener cabida en los medios tradicionales. Lo que me gustaría que adoptaran otros medios es el cambio en el modelo de agenda. Otros aspecto, más complejo, que todavía está por verse, es el del modelo de negocio. ¿Cómo hacemos que estos nuevos medios sin ánimo de lucro sean sostenibles? Todavía no está muy claro. Y si reclamamos dignidad en las historias que se nos cuenten, también debemos reclamar dignidad en las condiciones de trabajo. 

P: ¿Qué piensas sobre la avalancha de medios que cierran sus puertas o realizan EREs en sus plantillas de trabajadores? ¿Crees que nos encaminamos hacia un mundo donde el periodista ya no hace falta, o que simplemente es una transformación del modelo en el cual el periodista seguirá siendo necesario? 
R: El periodista es hoy más necesario que nunca precisamente porque el mundo es un lugar más complejo e interconectado. El propio sistema lo hace así, que yo pueda estar ahora escribiendo esto en un determinado ordenador me conecta con toda la cadena productiva que ha hecho posible que este ordenador esté aquí sobre mi mesa, igual sucede con los teléfonos móviles, con la tecnología, con lo que comemos… con todo. Necesitamos periodistas que nos expliquen el mundo para que podamos ser ciudadanos críticos e informados. El periodista es importante y que éste tenga una buena formación es esencial. Necesitamos a los periodistas para poder procesar la cantidad ingente de información que circula hoy en la red. El modelo se está transformando y los profesionales estamos buscando nuestro nuevo lugar en él. El hecho de la crisis económica y financiera haya afectado de la manera en que lo está haciendo a los medios de comunicación pone de manifiesto el estrecho vínculo estructural de los medios con el sistema, con todo el engranaje que ahora se tambalea. Por suerte, el periodismo es otra cosa y sobrevivirá, espero que siempre, porque responde a esa necesidad de comprender el entorno. En el momento en que, como personas, dejemos de sentir esa curiosidad, la necesidad de saber qué sucede y por qué sucede así, entonces apaga y vámonos, el Mundo Feliz de Huxley. No hay que perder nunca el espíritu crítico, la capacidad de hacerse preguntas. Para eso estamos los periodistas. 

P: ¿Tienes algún nuevo proyecto en mente o sobre la mesa? ¿Alguna vez has pensado en emprender? 
R: Siempre hay proyectos en mente… se me ocurren ideas para hacer cosas constantemente, ¡soy demasiado inquieta! Pero sobre la mesa, lo principal ahora mismo, es acabar este año la tesis doctoral, y después ya veremos las puertas que se abren o las que me tenga que inventar. He pensado mucho en emprender, sí, pero proyectos sociales, en la línea de la comunicación para la paz… todo se andará. Durante estos años he tenido la suerte de viajar a Israel, Palestina, a Ruanda, conocer jóvenes periodistas de allí y de otros países, involucrados en proyectos muy interesantes, y la verdad es que tengo muchas ganas de poder dedicar algo de mi tiempo a trabajar en algo en común con ellos. Investigación y acción en comunicación para la paz, ése es mi proyecto de futuro. 

P: ¿Piensas que la profesión se precariza? ¿Es el periodismo freelance lo que nos espera a los que ahora estudiamos Periodismo? ¿Eso a quién beneficiará? 
R: Lo que se precariza son las condiciones de trabajo, y tal y como está ahora mismo el país, o la tendencia para parece seguir, a los jóvenes se nos precariza el futuro. Lo veo en colegas muy valiosos y valiosas que han perdido el trabajo y no acaban de ubicarse, en los que se ven obligados a marcharse fuera del país… Lo que me gustaría es que los jóvenes pudiéramos tener la oportunidad de elegir. Quien quiera elegir centrar su vida en el pago de una hipoteca desde los veintipocos, casarse, formar una familia y tener la vida resuelta a los treinta años, que pueda hacerlo; que quien quiera elegir formarse, estudiar, tener experiencias en otros países, probar distintas cosas, pueda hacerlo; quien desee buscarse la vida por su cuenta, emprender, ser autónomo, que pueda hacerlo… Que esta crisis, sea cual sea nuestra decisión u opción de vida, no nos limite la posibilidad de elegirla. Y eso es lo que está pasando, en parte, porque se había montado todo sobre un modelo que antes o después, iba a venirse abajo. Particularmente, me preocupa mucho el desmantelamiento del Estado del Bienestar, y lo digo como persona que procede de un barrio obrero, de una familia de trabajadores muy modesta, que ha tenido la oportunidad de estudiar y de ser aquello que soñó ser desde pequeña gracias a eso y no a la posición social o económica de la familia. 
No conozco con profundidad el periodismo freelance como para poder saber si eso es lo que les espera a los estudiantes de Periodismo de hoy. No lo sé. Desde luego, resuena mucho más como opción que cuando yo salí de la universidad, pero en parte es por eso, porque el sistema se está desmontando. Si uno consigue la suficiente independencia económica como freelance, a mí me parece un camino estupendo, sobre todo para aquellos que tengan claro en qué se quieren especializar. Dedicarse a escribir sobre los temas que te apasionan y vivir de ello me parece el sueño de cualquiera. Creo que te da una libertad interesante que no tienes cuando trabajas bajo las directrices de un medio. Pero como digo, todo esto está por verse. Y, por lo que sé, no es tan bonito como parece. A quien debe beneficiar el modelo freelance es al periodista que elige ejercer así, y no a la empresa, que se ahorra los costes en plantilla, seguros, etc. Lo segundo, es perverso e incide en el proceso de precarización. Además, todavía no tenemos unas estructuras u organizaciones profesionales lo suficientemente sólidas como para defender los intereses del profesional con capacidad coercitiva real.

Puedes encontrar a Maribel Hernández en Twitter (@laperio) y en su blog, "El almario".

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