miércoles, 23 de marzo de 2011

Las comparaciones son odiosas

Menudo revuelo social se ha montado por la intervención de España, entre otros, en Libia. ¿Dónde queda ese contundente “no a la guerra” de los socialistas (y la sociedad en general) por la invasión de Irak en 2003? ¡Qué hipócritas son los políticos! Nada nuevo bajo el sol.

¿De verdad? ¿Es comparable la invasión de Irak con la intervención en Libia? Las comparaciones son odiosas, pero a veces inevitables. Y lo cierto es que la situación da pie a las comparaciones, pero las circunstancias no son, ni de lejos, las mismas que en aquella ocasión. Nada más hay que ver la excusa blandida esta vez, mucho más creíble en esta ocasión, porque ¿en serio que alguien se creyó lo de las armas de destrucción masiva? Porque yo tenía 11 años y no me lo creí. Además, Gadafi es capaz de matar a todo aquel ciudadano libio que se enfrente a él, y así lo ha dicho. No digo que Saddam Hussein no hiciera lo mismo - por Twitter me acusaron de “simpatizante de Hussein” por... para trollearme, para qué engañarnos -, pero todos estaremos de acuerdo en que la “causa” directa de la intervención en Irak fue más para salvarnos el culo que para salvárselo a los iraquíes. Por lo tanto, parece que esta vez, haciéndonos los héroes, tenemos una excusa más “justa” y “pacífica” para entrar en guerra que hace 8 años.

Es cierto que una guerra es una guerra, por mucho eufemismo que se utilice. “Intervención militar” suena hasta limpio de sangre, pero habrán muertos (ya los hay, de hecho), y muchos serán civiles, esos civiles que queremos defender. Algunos serán alcanzados por el fuego amigo de las balas de los aliados, que ocultarán este hecho acusando a los combatientes pro-Gadafi.

El caso es que parece que esta vez somos los buenos (eso siempre desde el punto de vista de los rebeldes libios) y que vamos a salvar personas. Esta vez vamos sin intereses, a ayudar y marcharnos. Pero luego pasará algo que hará que sea necesaria la intervención internacional - más aún - y nos quedaremos hasta que se forme un gobierno pseudodemocrático (así como el nuestro, pero un poco más pseudo, si cabe) en el que la comunidad internacional pueda influir para explotar todo lo que se pueda al país. Si se puede sacar un poco de petróleo, de puta madre.

El mayor problema no es la guerra, aunque lo parezca. La guerra civil en el pueblo libio ya había empezado. La gente ya estaba muriendo, tanto rebeldes como agentes pro-Gadafi. El mal a la población libia ya estaba hecho. Nosotros vamos en misión de ayuda.

Es verdad que el pueblo español no quiere participar, y el Gobierno lo ha decidido sin consultar. Bueno, sí consultó, tras unirse, al Parlamento, con un gran apoyo. Que no hicieran caso al pueblo ya pasó con la guerra de Irak, con mucho más bombardeo popular y con mucho menos apoyo por parte del resto de grupos parlamentarios, y el PP lo pagó en las elecciones que llegaron. En esta ocasión, la gente está dividida. Yo misma no sé qué pensar, porque la causa es justa, pero las consecuencias son impredecibles. Creo que pueden ser peores que la guerra que ya existía. Pero que no nos consulten no es el verdadero problema, ya nos están acostumbrando.

El verdadero problema quizá viene porque todos intentan ponerse la medallita. Los propios aliados están divididos. En esta ocasión, en una guerra “legal” (recordemos que la de Irak no lo era), la ONU, en la que la propia Libia estaba representada, y la OTAN se disputan el mando. ¿Se incluyen o no a los países de la Liga Árabe? Me parece que se disputan el botín de guerra. Se quitan las máscaras y descubren su verdadera cara.

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