jueves, 17 de marzo de 2011

Anti-todo o los ideólogos hipócritas

Ayer tuve una interesante conversación. Bueno, en realidad la mayoría de los días tengo varias conversaciones interesantes, pero lo cierto es que de la de ayer pueden sacarse conclusiones... aplicables a muchos de nosotros.
De un tiempo a esta parte, o quizá desde siempre, para estar en la cresta de la ola hay que ser un anti-sistema. O más bien, estar en contra de todo por sistema. Y yo me pregunto, ¿se puede estar completamente en contra de todo? Y si la respuesta es negativa, ¿de dónde sacan algunas personas la hipocresía necesaria para decir que lo están?

Por definición, no se puede estar en contra de todo. Presentaría un paradójico problema. Para muestra, un botón: no puedes estar en contra de las nucleares y querer cerrar las que hay en España por la histeria generada en la población a raíz de lo ocurrido en la central nuclear ("nucelar, se dice nucelar") de Fukushima, y al mismo tiempo estar en contra de cerrarlas, ya que se destruiría empleo. Oh, wait... ¿Eso no es lo que le está pasando al PP? Ay! Si es como lo que decía mi abuela cuando yo era pequeña: "nena, no se puede estar en el plato y las tajás". O lo que es lo mismo, los señores de la gaviota deberían de dejar de pensar en los votos y centrarse en hacer lo que consideren más adecuado para el futuro de España. Aunque, claro, visto desde esta situación habría que decirles que tienen que elegir obligatoriamente entre el plato y las tajás.
Ya está claro que no se puede estar en contra de todo. Aquellos que dicen estar en contra de todo son o unos mentirosos o unos ilusos ignorantes. Sí, así lo digo. Ilusos ignorantes.

Luego nos encontramos ante unos sujetos que, en su gran mayoría, calificaría de hipócritas. Y me incluyo entre ellos, porque a veces es bueno hacerse una autocrítica, sacarse los ojos con un sacacorchos y torturarse al más estilo Saw. Pero hoy me conformaré con agredirnos (me) dialécticamente sobre nuestra posición con respecto al mundo y lo que hacemos con ella.
Me refiero a los antisistema que critican el sistema establecido desde un ordenador, sentados en su casa bebiendo una Coca-Cola, con la calefacción (o el aire acondicionado, depende de la estación y el lugar del mundo) encendida, vestidos con unos vaqueros, o vestidos en general, de marca, teniendo un coche en el garaje, pensando en dónde salir mañana y qué tomar... Vamos, critican al sistema desde el cómodo sofá que les brinda el sistema que critican, el capitalismo. Muy malo, sí, horrible. Terrible. Pero no son (somos) capaces, ya no de salirse totalmente del sistema, ya que el capitalismo te persigue por cualquier lugar al que vayas (menos, quizá, en China, y no por mucho tiempo), sino de intentar renunciar todo lo posible a ese sistema que critican. No, es más cómodo sentarse a esperar que esto explote, que lo hará, y que otros se muevan por nosotros. Y mientras tanto, de boquilla, diremos que este sistema es una mierda, mientras damos un trago a nuestra Coca-Cola.

Sin tan poco nos gusta esto de verdad, y no por hacernos los guays, cambiémoslo.

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