domingo, 27 de febrero de 2011

Quememos el papel, encendamos la pantalla

El viernes pasé al lado del kiosco de mi barrio de toda la vida. Era por la tarde, y en su puerta/escaparate se exponían los periódicos del día. En sus titulares, noticias ya pasadas, viejas. Porque, a esas horas, de lo que todo el mundo hablaba era de la confesión de Isabel García en Telecirco sobre el caso Mari Luz. Y eso no estaba en esos periódicos. También se hablaba, mucho e iracundamente, de la nueva medida del Gobierno para "ahorrar combustible" (sic!), limitando la velocidad en autopistas y autovías a 110 Km/h. Y eso tampoco estaba en esos periódicos.

¿Qué está pasando? ¿A qué punto hemos llegado? Todo lo que pudiera decirse sobre esos dos casos ya estaba dicho, o sería dicho pronto. El papel no sería el soporte adecuado. El papel se crea y, antes de salir del cascarón, ya es viejo. Internet y su velocidad, capacidad de actualización y feedback son ideales.

El papel morirá. Esta vez no pasará como en el resto de ocasiones, en las que cada medio de comunicación que surgía se alimentaba del anterior. La radio y la televisión necesitaban de la prensa. La prensa daba la noticia y, lo más importante, ampliaba la noticia. Daba los detalles, el análisis, la opinión... Todo aquello que la rapidez, la falta de tiempo (ese oro!), en radio y televisión, no permitía ofrecer al consumidor de información.

Pero con Internet, todo eso ha acabado. La prensa en web, la ciberprensa, permite todo aquello que ofrecía la prensa tradicional, pero aderezado con una ventajas muy suculentas para el consumidor de información.

En primer lugar, la gratuidad (atención, caóticos, es mi hora de meterme con la Ley Sinde y la SGAE) El modelo "gratis, pero con publicidad" (y si no, a pagar) es el que se impone en internet. La ciberprensa come de los ingresos publicitarios. Señores autores, estudien ese modelo, que a los periodistas también nos "piratean", como lo llaman ustedes, y no nos han dedicado una ley. Y tenemos que lidiar con el intrusismo profesional.

En segundo lugar, la capacidad de actualización continua. Es un gran punto a favor frente a la prensa tradicional, que espera de un día a otro (o de edición matutina a vespertina) para ampliar información o actualizarla.

En tercer lugar, el feedback. Hacer ver al consumidor de información que su opinión cuenta, que puede colaborar y establecer diálogo entre lectores de una forma sencilla y en tiempo real da a la ciberprensa más cercanía al consumidor.

En cuarto lugar, el contenido multimedia. Mientras que en prensa se limita a fotografía mayormente en blanco y negro, en la ciberprensa puede encontrarse vídeo, sonido y fotografía, además de contenido relacionado. Es muchísimo más completo, y puede integrar radio y televisión también. Así que cuidadito a éstas también en un futuro.

En quinto lugar, la comodidad de acceso en cualquier lugar sin molestia, evitando siquiera bajar al kiosco de la esquina. Lo queremos, lo tenemos.

Se me olvidarán, seguro, otras ventajas. Yo, de momento, voy a aprender bien a usar estas tecnologías, me voy a hacer con una tablet y dejar el papel de lado. Me convencen estas ventajas.

¿Qué pensáis vosotros?

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