viernes, 25 de febrero de 2011

Crítica: Balada triste de trompeta


Por fin he visto Balada triste de trompeta. La verdad es que cuando salió pensé en bajármela, no voy a mentir. Pero entre unas cosas y otras ha llegado un punto en que la han repuesto en el cine municipal de mi ciudad.


(Señora Sinde, tome nota de lo que se hace aquí: 3€ la entrada, la mitad para estudiantes, y los miércoles 1.5€ y los estudiantes GRATIS)

Era una película que me llamó la atención desde que vi su anuncio en la televisión. Tanto la canción que sonaba como las imágenes daban la sensación de locura. Así que, cuando me enteré de que la echaban de nuevo, no me lo pensé dos veces.

La cabecera de la película es una sucesión de dolorosas imágenes aderezadas con música que recuerda a Semana Santa. Es el preludio de lo que se te viene encima.

El film tiene el equilibrio perfecto entre drama, gore, comedia, algo de terror, sexo (como no podía faltar en una peli española) y un toque que me recordó a Tarantino. De la Iglesia combina perfectamente imágenes poco agradables o violentas con belleza, en un juego de luces y sombras que provoca una sensación de desconcierto muy interesante.

La crítica no deja de estar presente durante toda la película, ya sea de forma directa, como a la violencia hacia la mujer, la situación en España…; o mediante una ironía que acompaña en todo momento y que va in crescendo, llegando al máximo exponente al final de la historia.

La historia comienza y termina en el mismo lugar, dando a entender que era un ciclo necesario. Ese lugar, totalmente representativo de una época negra en la historia española, es utilizado como símbolo y escenario, y el espectador, al concluir, ha aprendido que el amor conduce a la locura y que la venganza trae consigo sufrimiento.

Una película que no te deja indiferente, con mucho simbolismo y de interpretación variada, que me dio mucho en lo que pensar y que se ha convertido en una de mis 10 películas favoritas. Tanto que, cuando salga en DVD (o BluRay), me la compraré.

Señores cineastas, hagan más películas que impacten, diferentes, que gusten, y ganarán más. Que no se puede vivir del cuento y las subvenciones.

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