sábado, 29 de enero de 2011

Presunción de culpabilidad

Desde las revoluciones sociales de los siglos XVIII y XIX, se aceptó la presunción de inocencia. El acusado no debía mostrar su inocencia, sino el que acusaba mostrar su culpabilidad.

En España estamos, sin embargo, volviendo a aquellos tiempos en los que tu vecino te señalaba y tú tenías que demostrar que no habías hecho nada. Sólo que ya no es tu vecino, es una organización privada que recibe fondos públicos quien acusa. De robar.

SGAE, se llama. ¿No la conoces? No sé donde te has metido estos últimos meses. La SGAE son aquellos que, desde sus altas torres, miran a la plebe (nosotros) y vociferan: ¡CULPABLES! Cuando una voz discordante surge entre ellos, la empujan de la torre. Por suerte, la plebe lo recoge y lo encumbra como héroe. En realidad, sólo ha escuchado a la plebe y se ha puesto en su piel.

Pues esos de su torre son los que violan la presunción de inocencia. Ella está ya un poco harta de que la follen y cada vez se pasa menos por aquí. Eso deja su huella.

La plebe es acusada de robar. Así que primero les hacen pagar las "bolsas" donde (no supuestamente) se llevan lo que roban y lo guardan. Como esa solución no es suficiente (aunque no sea legal, pero la SGAE es la señora feudal del lugar y se hace lo que ella diga), se hace una ley cuyo nombre da mucho juego: Sin-descargas, Sin-democacia, Sin-dejarnosenpaz, Sin-descanso, Sin-desayunar... Esa ley permite cerrar cualquier "comercio" del lugar (aunque no tenga que ver) sin demasiado control judicial. Una vez más, la SGAE se comporta como la señora feudal que es. Por último, como les parece poco castigo para los (no presuntamente) culpables y aún necesitan más dinero (¡el ansia vivaaaaa!), quieren cobrar un impuesto por entrar en la "ciudad". Y si eso no es suficiente, cerrarán la "ciudad".

Pero si a mí no me gustan sus tomates...

Volvemos a la Edad Media.

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